La cápsula traspasa la ranura y se detiene apenas cruzado su umbral. Las puertas del huevo se abren y el 8º enanito se encuentra en medio de una gigantesca estancia hexagonal. Se siente como un garbanzo despistado que ha caído en un barreño de sopa. Las paredes están forradas de madera. El suelo es de sintética moqueta roja. Justo en en centro se levanta un monolito del mismo tamaño que nuestro minihéroe y que está cubierto por una sábana granate. Como si tuviera vida propia e intuyera un peligro inminente, la mano izquierda del 8º enanito comienza a sudar y a contraerse independientemente de la voluntad de su amo. "Sobre todo no quites la sábana" le susurran las paredes. "Por lo que más quieras, no lo hagas" le transmite telepáticamente hasta la fibra más microscópica de la moqueta. Pero la tentación es soberana y el 8º enanito avanza unos pasos, se coloca frente al monolito y de una enérgica sacudida descorre la sábana. Un frío polar parece adueñarse de golpe de la atmósfera. Diría que sus huesos crujen y que un dardo de fuego empieza a rebotar frenéticamente en las paredes de su estómago. Frente a él ha aparecido un espejo amarillo que le devuelve la imagen de un Cíclope. (Continuará...).
18 diciembre, 2007
10 diciembre, 2007
Copenhagen
Una ciudad con vagones de tren silenciosos, en los que está prohibido hacer ruido. Una ciudad en la que a nadie se le pasa por la cabeza candar la bici en la calle. Una ciudad con permisos de maternidad de 5 años y de paternidad de 2. Una ciudad sin cortinas, de escasos móviles, de series de televisión subtiltuladas en inglés, de buen gusto, de orden, de armonía, de velas, de muebles de diseño, de ángeles femeninos que descienden de los encapotados cielos para darte indicaciones cuando estás perdido. Lástima de su fijación con los alimentos orgánicos y con un repugnante vino caliente.
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lozzy
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04 diciembre, 2007
"Escribir es una forma de terapia. A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, los que no componen música, los que no pintan, para escapar de la locura, de la melancolía, del pánico inherente a la condición humana" (Graham Greene)
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lozzy
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19:38
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03 diciembre, 2007
"El 8º enanito". Capítulo 25.
"El 8º enanito escribe "espejo amarillo" en la pantalla táctil y, acto seguido, en la pared de enfrente, hasta hace unos instantes inmaculadamente lisa, se abre una diminuta ranura vertical de la que sale un cegador chorro de luz. Se aproxima con cautela, tapándose los ojos. Cuando está a punto de franquearla, se apaga de golpe la luz y se acerca a recibirlo una cápsula transparente en forma de huevo, que abre sus puertas a compresión, invitándolo a subir. El 8º enanito lo bordea y se asoma al túnel, pero la oscuridad es absoluta. Si hemos llegado hasta aquí, habrá que proseguir, se dice, y sube de un salto de elegante factura. La esfera móvil se cierra y comienza a adentrarse en la negrura. No se ve nada. El tímido zumbido que emite la capsula al deslizarse es el único estímulo sensorial que le mantiene la esperanza de que sigue vinculado a alguna forma de realidad. Pasan los minutos. Transcurre un tiempo indefinido que se le hace eterno. ¿Y si ha sido víctima de una trampa del Cíclope y, al final del trayecto, le espera una celda o un caldero? En el momento en que esta idea comienza a tomar carrerilla, en la lejanía parece divisar un punto de color que perfora el inmaculado agujero negro como la incisión de un escalpelo en el vientre de un jabalí. La cápsula desacelera. El punto se va agrandando. El 8º enanito está a escasos metros de enfrentarse a la mentira de su existencia.". (Continuará...)
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lozzy
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29 noviembre, 2007
Words Don´t Come Easy
En un entrañable happening reciente, celebrado en el Saló del Llibre, donde tres "escritores" con síndrome de mono de feria y no sobrados de recursos económicos teníamos que escribir un relato con las palabras que el público nos iba ofreciendo, no altruistamente, sino a cambio de un suculento botín con el aspecto de una piruleta o de un paraguas, pude comprobar la dificultad que tiene muchísima gente para salir con un vocablo. Bastaba con ver mi ordenador y decir "ordenador", mirarse las manos y espetar "dedos", pensar en la cena y automatizar "macarrones" pero no. Intuyo que no pocos habrían acertado antes a perforar una diana situada a 75 metros o a desprenderse de los calcetines sin sacarse los zapatos. Proliferaron los grandes conceptos como amistad o amor, las cursilerías como rosa y amanecer, sólo una persona dijo coche, y el más rápido en contestar fue un niño que no levantaba dos palmos del suelo y que optó por "bombero". Me acordé esa tarde de dos de mis profesores de literatura de EGB quienes, interrogados por la clase acerca de su palabra favorita, se decantaron por "gorila" y "alcachofa". No tengo ni idea de porqué me ha quedado este dato. Entre mis términos predilectos están "orangután", "picatoste", "berberecho", "erizo" y "trapisondista".
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lozzy
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23 noviembre, 2007
Poca feina que tenen alguns...

... tan poca que es dediquen a revisar la feina dels altres. I sense gaires ganes, perquè si s'ho mirés de veritat en trobaria moltes més, segur...
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Nibu
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14 noviembre, 2007
"El 8º enanito". Capítulo 24.
Hacía mucho tiempo, cuando el 8º enanito era niño, al regresar un día corriente de la escuela con sus siete hermanos, experimentó un repentino ataque de fiebre que le impidió salir a jugar con ellos a la petanca enana o a fabricar tampas para comadrejas. Sus trabajadores padres llegaban a última hora de la tarde a casa por lo que se encontó por completo a sus anchas. Un sueño. Sobreponiéndose a los mareos y a la fatiga que le conminaban a guardar cama, decidió que era la ocasión que llevaba meses esperando y se dirigió al área restringida por excelencia: el despacho de su madre. De los cuatro cajones que conformaban el secretaire, sólo uno estaba cerrado con llave. El motivo lo tenía obsesionado, la curiosidad era capaz de desvelarlo. Conocía el escondrijo secreto de la llave: la zapatilla izquierda de felpa que su madre guardaba dentro del armario del cuarto de la plancha. Aprovechó la soledad que lo circundaba para cogerla y utilizarla. Abrió el cajón con el pulso del que teme que cualquier gesto brusco active una bomba devastadora. El interior del mismo contenía un irreconocible objeto envuelto en una toalla. La retiró con las palpitaciones del corazón resonándole en los tímpanos igual que una batería fuera de control. Descubrió un espejo de color amarillo. Pero en cuanto se asomó en busca de su reflejo se llevó un susto de muerte. Apenas entrevió una cara deformada y monstruosa, pero fue suficiente para saturar cada poro de su piel con hielo compacto. Recolocó de nuevo la toalla sobre el espejo, cerró el cajón con llave y corrió despavorido a resituir esta. Olvidada la fiebre, voló al encuentro protector de sus hermanos. Mientras sus pies a duras tocaban el suelo, su cabeza fue echando paletadas de tierra sobre esa imagen pavorosa, enterrándola en lo más profundo de su conciencia hasta que impactó contra las abisales aguas negras del pozo durmiente del olvido. (Continuará...).
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lozzy
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12 noviembre, 2007
De ratones y picatostes
Aspiro a ser una persona moderadamente cultivada. Procuro arrimarme a los clásicos literarios, visionar joyas cinematográficas, entender la pintura abstracta, quedarme con las fechas de las batallas históricas... Pero me ocurre con frecuencia que son las personas más alejadas del espectro intelectual/artístico las que me ofrecen las mayores satisfacciones. Dos ejemplos recientes. Frente a la máquina de café, C me suelta con tono que sospecho recriminatorio un "tú eres más listo que los ratones coloraos". Antes de decidir si debo sentirme ofendido o no, exijo una explicación, pido que se me aclaren los motivos por los que los roedores de ese pelaje tienen un C.I. superior a la media. La respuesta llega expeditiva: "Porque nadie los ha visto". Me gana con su ocurrencia y de inmediato perdono cualquier hipotética ofensa.
Al dís siguiente, B (que me pega una colleja cada vez que cito un libro o pronuncio una palabra que no consta en su anémico diccionario, es decir, con demasiada frecuencia) me cuenta la historia del difunto Picatoste. Sólo por haber cargado con semejante apellido (cuya sonoridad me entusiasma, aunque quizás su verdadero encanto reside en la mera evocación del crujiente tropezón flotando en el gazpacho) el finado merece mi más sentido pésame. Ahora bien, cuando escucho que solicitó ser enterrado visitendo la indumentaria completa del Barça, provocando las incómodas risas de los menos allegados al visitar el tanatorio y encontrarse que tenían que mostar sus respetos en la sala de duelos a un culé hasta la sepultura que escogió un ataúd abierto de cuerpo entero para dejar bien expuesto el alcance de su orgullo barcelonista, brindo por él, agradeciéndole póstumamente la anécdota. Y me despido preguntándome: ¿quién es más digno de elogio, el ratón colorao por no mostrarse o Picatoste por mostarse tal cual es?
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lozzy
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15:53
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He tornat
Com Jack Bauer després de ser segrestat pels xinesos, com Maradona després de les clenxes, com Indiana Jones després de trobar la ruta de los gedeones (Alejandretaaaaaaa, pues claro!!!), com Xavier Sardà després de les cròniques, com la Campos després de rajar de Telecinco, com Jordan després de la retirada (i de la segona retirada), com la roba dels 70 després que arribessin els texans rentats a la pedra dels 80 (i que el mític Toni Llena segueix lluint, convençut que també tornaran), com la història de la Chloe Sevigny a l'habitació d'un amic d'un amic...
I només calia anar a l'apartat "recordar contraseña" i tenir una mica de paciència...
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monty
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11 noviembre, 2007
Coi, Monty, recorda ja la contrasenya!

Esto es un post homenaje al compañero Monty, perdido en combate por unos problemillas de memoria...
Por cierto, buscando este imagen por Google imágenes veo que lo primero que sale si pones "Epi y Blas" es la prueba de que los dos muñecotes compartían mucho más que el piso y las galletas... Cuánto enfermo suelto... Monty, tu no ho miris que podria ferir la teva sensibilitat!
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Nibu
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06 noviembre, 2007
Un beso hace mover 17 músculos a la lengua. Pero también mueve 9 miligramos de agua; 0, 18 de sustancias orgánicas; 0, 7 de materias grasas; 0,45 de sal; centenares de bacterias y millones de gérmenes. ("El beso", de Alain Montandon)
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lozzy
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18:27
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31 octubre, 2007
Escándalo Público
Bueno, lo de escándalo es quizá un poco exagerado… Pero ahora que han pasado unos meses sí que se puede decir que el lanzamiento de Público (el periódico de Jaume Roures-Mediapro) fue un poco un timo. Por lo menos para el medio millar de incautos aspirantes a empleados del naciente periódico que nos desplazamos a Madrid para tratar de convertirnos en redactores de plantilla.
Pero empecemos por el principio… En julio apareció un misterioso anuncio en las páginas de empleo de varios periódicos que informaba del reclutamiento de 200 profesionales, entre periodistas, fotógrafos, diseñadores y demás, para montar un periódico. En ningún lugar se mencionaba a Mediapro o a Público, aunque dudo que ninguno de los que rellenamos la solicitud pudiera decir que ignoraba quién estaba detrás de todo aquello. El anuncio sólo proporcionaba una página web: www.trabajarendiario.es, en la que el sufrido aspirante tenía que rellenar páginas y más páginas con su experiencia, formación, foto, referencias y hasta textos publicados. Con toda esa información seguro que ya podrían haber hecho una buena selección de redactores, pero unas semanas más tarde llegó un email, tan misterioso como todo lo demás, en el que se informaba de la fecha de la convocatoria de unas pruebas en Madrid. Si el email llegó el miércoles, las pruebas eran el sábado, un sábado de finales de julio que supongo que pilló a más de uno tomando el sol en el Caribe. O, tratándose de periodistas, en la Costa del Sol. El caso es que pese a todo ese sábado nos reunimos unas 500 personas en Madrid. Sólo en mi turno me di cuenta de que conocía de vista o personalmente a más de una docena, todos ellos de Barcelona, periodistas (algunos de medios importantes) que habían tenido que improvisar un viaje a Madrid, con el consiguiente gasto de avión y alojamiento. El test en cuestión fue una auténtica estupidez para la que no hacía falta tanto desplazamiento. Delante de un ordenador, nos hicieron responder a ¡232! preguntas psicotécnicas, todas del estilo “cuando alguien te la juega no puedes evitar vengarte”, razonamiento al que había que responder con un verdadero o falso (al finalizar esta parte todos coincidimos en que habíamos empezado el test siendo muy buenas personas y lo habíamos acabado odiando a la humanidad). Luego había que contestar a un test de actualidad en el que teníamos exactamente 14 segundos para leer la pregunta y las tres opciones y señalar la respuesta que nos parecía antes de que el programa, implacable, pasara a la siguiente cuestión (los periféricos coincidimos en que algunas fueron demasiado localistas, como una en la que se inquiría por el porcentaje de votos con el que Esperanza Aguirre y Gallardón habían ganado la presidencia de la Comunidad de Madrid y la alcaldía de la ciudad, respectivamente). Había también una prueba de corrección, no demasiado difícil y, por último, la prueba de redacción, también con límite de tiempo.
En fin, el caso es que concluyeron las pruebas, nos dijeron que en unas semanas nos dirían algo y nos volvimos para casa. De todo esto han pasado…tres meses, y los convocados en Madrid aún seguimos esperando un simpático email que nos diga que nuestro perfil no encaja con el de la empresa.
Aunque eso da igual, lo que de verdad me indigna es que ninguna de las personas de Barcelona con las que coincidí en Madrid (y repito que eran una docena, y cualquiera les hubiera servido perfectamente) están trabajando en Público, mientras que casualmente conozco a dos personas con las que la empresa se ha puesto en contacto que ni se enteraron de la convocatoria ni enviaron el currículum ni se presentaron a las pruebas. El dedazo me parece feo, pero lo que de verdad me parece mal es que jugaran con el tiempo, el dinero y las ganas de 500 personas. ¿Cuántos de los actuales redactores de Público salieron de esas pruebas? Sospecho que entre uno y ninguno. Entonces, ¿para qué montar ese circo? Sé que no puedo acusarles, lealmente, de estafa… pero reconozco que un poco engañada sí me siento… Y que he desarrollado una cierta manía hacia el periódico, que no sólo me parece feo, malo y de baratillo, sino que espero que se convierta en un lastre financiero para Mediapro y que tenga que cerrar dentro de unos años en medio de algún terrible escándalo. Si puede ser.
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29 octubre, 2007
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23 octubre, 2007
"El 8º enanito". Capítulo 23.
No necesita rebanarse los sesos para llegar a la conclusión de que la contraseña se le ha cruzado por delante en dos ocasiones. En un pedazo de papel y tatuada en un tobillo. Saca el primero del bolsillo y pulsa sobre la pantalla los signos que le muestra: 14/*/65/^29/. Al introducir el último dígito, el cuadrante electrónico, del tamaño de una baldosa de baño, se apaga bruscamente y, de inmediato, comienza a llenarse de diminutos puntos verdes. Parece que estos van brotando de forma aleatoria pero, al cabo de unos instantes, revelan un dibujo que deja al 8º enanito sin aliento. Se trata de un 8. La siguiente pregunta parpadea debajo del número: ¿Qué enterraste de color amarillo? (Continuará...)
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18 octubre, 2007
Un edredón búlgaro
A la hora de escribir, esta práctica de ahorro de enorme potencial reparador cristaliza en la recolección de títulos sugerentes que prometen cercar historias aún más hipnóticas, que quedan indefectiblemente recibiendo respiración asistida en el cajón inabarcable de lo futurible, postales preciosas que nunca se rellenan pero que uno quiere convencerse de que algún día llegará incluso a enviar. Entre mis favoritas: "No pesa el corazón de los veloces", "Un edredón búlgaro", "No quedan piscinas en Berlín (ver foto para una que sí)", e "¿Hibernan los osos panda?". Sé que tras ellos hay relatos mágicos, los cuales me suplican en voz baja que sea yo quien los exponga al mundo. Pero prefiero salir al cine o a cenar o a correr y se quedan como perchas a la espera de abrigo. Quizás les llegue su momento o quizás no.
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17:56
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10 octubre, 2007
"El 8º enanito". Capítulo 22
Mira arriba y abajo, a derecha e izquierda, pero no hay rastro del Cíclope. Clava la vista en las paredes para detectar alguna entrada secreta. Ninguna. Es como si al monstruo se lo hubiera tragado la chistera de un mago o como si se hubiese interpuesto en la trayectoria de unos rayos desintegradores. O quizás él se encuentre dentro de una pesadilla que acaba de cambiar de rumbo. Lo único evidente es que si no come algo de inmediato va a caer desfallecido.
Las dos hileras de puntos luminosos que franquean el pasillo parpadean a su alrededor, mas hay algo extraño en lo que no había reparado hasta ahora. A escasos metros de donde se encuentra, una franja de las mismas parece haberse apagado. Al acercarse comprueba que es así. Pero tiene una explicación: en el espacio de suelo que delimitan las bombillas sin vida encuentra un tablón de mandos que ha debido de emeger a la superficie. Números y signos electrónicos se distribuyen sin sentido aparente sobre una pantalla táctil. ¿Y ahora qué? (Continuará...)
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Cassandra´s Dream
A propósito de "Le Voyage du ballon rouge" de Hou Hsiao-Hsien, A.O. Scott el crítico de cine de "The New York Times", se hace eco del principio de que el arte tiene la habilidad de consolarnos de algunas de las dolorosas imperfecciones de la vida. Hubo un tiempo en que las películas de Allen, con su preciso equilibrio entre el drama y la comedia, conseguían exactamente eso en un plano autorreferencial: compensaban los sinsabores de la existencia mostrándonoslos con una mirada irónica, lúcida, cercana. Hoy, huérfanos de su genio, nos empequeñecemos, pues todo parece un poco más absurdo cuando se esfuma un motivo para el placer. Me siento cómo si me hubiesen robado el sabor a turrón de los helados o las sombrillas de la playa. Y es triste.
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12:09
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01 octubre, 2007
"El 8º enanito". Capítulo 21.
El 8º enanito frota con dos dedos el botón plateado que le sirve de amuleto antes de salir de su escondrijo. A una distancia prudencial sigue los pasos del Cíclope, que se desplaza con la gracilidad de un saco de piedras arrastrado por una carretilla oxidada a la que le falta una rueda. Su concierto de bufidos y gruñidos podrían resucitar a un diplodocus extinguido hace millones de años. Pero hay algo que compite denodadamente por apropiarse del mayúsculo espacio sonoro que los rodea: el estómago del 8º enanito ruge como si un centenar de enfervorizados leones estuvieran al volante de bólidos trucados. No recuerda la última vez que probó bocado. Ahora mismo, sin pensárselo dos veces, se cortaría una mano por una ensalada con higos, salmón y queso de cabra. Mientras en su cabeza se forma la imagen de una ensalada con higos, salmón y queso de cabra tan suculenta y perfecta que merecería sevir de modelo a un bodegón a colgar de una de las paredes de un prestigioso museo, descubre que el monstruo ya no está delante de sus ojos. En su ensimismamiento se le ha esfumado. Inaudito. Imposible. Increíble. ¿Cómo puede uno perder de vista una pierna de cordero que se la está zampando en un plato de postre? Concluye que se acaba de complicar mucho la vida. (Continuará...)
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lozzy
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18:00
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28 septiembre, 2007
26 septiembre, 2007
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lozzy
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14:35
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