El viernes por la tarde, al salir del metro de Joanic, vi unas gotas de sangre sobre la acera. A la izquierda había un chico en el suelo, muy pálido, y alguien le apretaba un pañuelo ensangrentado en el brazo, que tenía en alto. Una chica, a dos pasos de la salida del metro, señalaba un cuchillo de cocina que se había quedado entre las ruedas de su bicicleta, sobre la acera. Unos metros más allá, dos personas practicaban una maniobra de reanimación a un hombre de unos 50 años que estaba tendido en el suelo, cubierto de sangre.
No habían llegado las ambulancias. De hecho, alguien estaba todavía recordando que había que llamar a las ambulancias. Era el instante de silencio entre el hecho extraordinario y las sirenas. No sabía que existiera ese silencio. Me impresionó. Estábamos todos quietos, deambulando a varios pasos de los heridos, como si nos faltara el cordón policial que nos obligara a apartarnos del todo, inútiles pero curiosos.
Llegó un solitario mosso d’Esquadra, un chavalín que se puso un poco frenético al ver el panorama. Había un niño dando patadas al cuchillo y la gente empezaba a arremolinarse en los balcones. Pero aún no había sirenas. El mosso pidió a gritos que se acercara algún médico o enfermera y nos rogó que nos apartáramos del cuchillo. Tengo la sensación de que la ambulancia aún tardó varios minutos y, entretanto, los que estábamos por ahí comentábamos la jugada, como si fuera una peli.
Llamé a la agencia, les expliqué lo que estaba pasando. Increíblemente, decidí ir al supermercado (visto el perspectiva, me parece hasta de mal gusto). Ya habían llegado las ambulancias, aunque había poco que hacer por el dueño del bar. Empezaban a surgir los primeros bulos entre el público espectador. Estaban colocando el cordón policial.
Fui a dejar la compra a casa y volví a bajar. Llegaban los primeros compañeros y confieso que sentí una malsana satisfacción al ver que le había estropeado la cena al redactor de sucesos de cierto periódico. Pero parecían contentos. Los periodistas nunca llegan tan pronto al lugar de los hechos. Casi siempre tenemos que conformarnos con los vecinos, que lo que no saben se lo inventan.
Esta mañana, para recuperar el tema, he llamado al dueño del mítico restaurante Alaska, donde el asesino estuvo trabajando el jueves y el viernes, hasta que le echaron al comprobar que no sabía ni hacer un bocata de bacon. Está justo en la esquina de mi calle. El hombre es una mina, me ha explicado que cuando echaron al futuro asesino, una trabajadora le tuvo que recordar que se dejaba sus cuchillos. Los que utilizó para matar al otro un par de horas después, concretamente.
Me pasé la noche dándole vueltas a la escena. Es un suceso corriente, hay uno parecido todas las semanas. Pero visto tan de cerca da vértigo. No hubiera querido verlo tan de cerca.
28 mayo, 2007
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Nibu
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22:38
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El hilo musical
Entre los odios más sinceros y profundos que profeso en este mundo ocupa un lugar preferente el hilo musical. No tanto porque en su perverso e insultante afán por establecer una democracia melódica entienda que el patrón común de preferencias musicales pasa principalmente por versiones instrumentales de temas átonos y ñoños, sino porque atenta contra el silencio justo en aquellas situaciones en las que el silencio es más necesario. Su razón de ser es provocar una ominosa intrumisión, un tajo en el bienestar como esas puñeteras abejas que revolotean por el borde de nuestra refrescante Coca Cola con hielo y limón amargándonos una radiante mañana de verano en una terraza frente al mar.
El otro día, mientras desayunaba en el salón de un hotel con la absurda espeanza de que la acción combinada del café y el zumo de naranja diluyeran algo una resaca que, cual ladrilo hidráulico perforaba mis lóbulos frontales, e intentaba concentrarme en la siguiente frase de Rafael Sánchez Ferlosio ("La condición de víctima por violencia humana se transforma en un depósito de valor, en una especie de capitalización. El cristianismo está convencido de esta idea, de la víctima como generadora de valor moral") invadiendo con desfachatez el espacio sonoro se propagaba de forma insidiosa una versión al piano de "Blue Gardenia". Transformación de la belleza en espanto. ¿Cómo perdonar a alguien tan cruel como para boicotear tu historia de amor con Dinah Washington?
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lozzy
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25 mayo, 2007
Instrucciones para manejarse por la vida:
1. No le eches la culpa a Freud, ni al azar, ni a una mala alimentación. Simplemente NO eches la culpa.
2. No eres ni la mitad de inteligente de lo que asegura tu madre, pero ni siquiera un cuarto de lo que tú te imaginas.
3. Hasta que no has llevado tres veces unos calcetines desparejados no puedes decir que algo anda mal dentro de tu cabeza.
4. Si quieres tocar el tambor, inténtalo. Si piensas que no deberías tocar el tambor, hazlo.
5. La vida se renueva cada 28 días. Ergo: ten instinto cíclico. Ergo: concéntrate en tu visión periférica.
6. La cordura es una entelequia. El día que la alcanzas caes muerto de forma fulminante.
7. Si el amor no te mata, es que no era amor.
8. Compra caro, es buena señal.
9. Sólo hay trece palabras por las que merezca la pena matar. Todas están reunidas en la receta del tiramisú.
10. El sentido común es del "color del gos quan fuig".
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lozzy
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21 mayo, 2007
"El 8º enanito". Capítulo 14
"Ayúdame", "Ayúdame, "Ayúdame". Una sola palabra brota con agónica insistencia de los labios del enanito preso, que mira a su salvador con un ojo de cordero degollado y el otro inyectado en la fiebre de la salvación. La jaula cuelga alta del techo, pero está unida al suelo por un delgado cordel. Al 8º enanito le basta con deshacer el nudo que se cierne en torno a un clavo y, echándole músculo y respiración acompasada, bajarla lentamente como si arriara una bandera hilada con plomo. Al tocar tierra, está exhausto y sudado. El preso parece haberse dormido. Quizás la emoción de verse rescatado le ha producido una emoción tan violenta que le ha fundido todos los circuitos interiores. Convocando en sus manos los últimos átomos de fuerza que se dispersan exánimes por todo su cuerpo, el 8º enanito logra abrir un hueco rompiendo parcialmente tres de las ramitas que conforman uno de los laterales de la jaula. El preso, cuya majestuosa longevidad se manifiesta en los profundos surcos que aran su agrietado rostro y en la nívea pureza de su cabellera, yace desplomado en su interior. Al tomarle el pulso, el 8º enanito confima su peor sospecha: su alma ya ha partido hacia Atalaya, el paraíso donde todos los enanitos miden metro noventa, se pasan el día jugando al bádminton y la noche liberados a los pasatiempos sáficos.
Un estruendo mecánico, seguido de una bocina que suena a marsupial en celo, lo alertan de que algo muy poco halagüeño está teniendo lugar en la desasosegante habitación del tanque. Pero antes de poner pies en polvorosa, descubre unos papeles asomando de uno de los bolsillos del difunto. Los coge, echa una última mirada compungida a aquel que casi lo convierte en un héroe y se pierde de nuevo por los pasillos emitiendo bufidos. (Continuará...)
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19 mayo, 2007
…y esta explicación que os debo os la voy a dar
Sobre el retorn dels topitos només puc dir que l’altre dia, quan vaig intentar entrar a Blogger el sistema em va obligar a fer el canvi a la nova versió (m’hi havia estat resistint fins ara) i, com a resultat, tot el disseny, que estava pensat per a l’antiga versió, es va com desconfigurar i el vaig haver de canviar de nou. La concesió al Petit Monty Gruñón van ser els topitos i el blanc va ser una concessió a mi mateixa, que allò del fons negre, reconeguem-ho, era horroròs…
I, sí, s’han tornat a perdre els comentaris, però aquí no hi puc fer res, el que estic intentant ara és tornar a posar el logo com estava, que no resulta fàcil…
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Nibu
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16 mayo, 2007
Fante
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lozzy
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13 mayo, 2007
Ja té sis mesos!

I com que el seu pare diu que fa queco posar una foto del nen de fons de pantalla l’hauré d’ensenyar jo, ai…
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Nibu
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07 mayo, 2007
"El 8º enanito". Capítulo 13.
El 8º enanito se interna por el pasillo de cuyas profundidades diría que procede una voz amortiguada de socorro de la que cree reconocer palabras sueltas. No pasaba tanto miedo desde que era un enanito pequeño y se pasó toda la noche mirando al techo, después de que su sádico hermano mayor no le ahorrara el mínimo detalle escabroso acerca de la traumática experiencia del enanito incauto que se transformó en seta venenosa al vender por accidente su alma a un demonio retorcido camuflado de sapo bondadoso. En el preciso momento en que castañeando los dientes penetra en una desnuda habitación en semipenumbra de cuyo techo cuelga una jaula para estorninos habitada por un enanito matusalénico que se echa a llorar tan solo verle, la monstruosa figura del inquilino del tanque se revela en todo su repugnante esplendor al completarse la fase de drenaje y dar inicio la de secado rápido. (Continuará...)
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La cerveza china no entra en el menú
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03 mayo, 2007
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27 abril, 2007
"El 8º enanito". Capítulo 12
Su prodigiosa capacidad pare el cálculo matemático a partir de una simple impresión visual permite al 8º enanito determinar que se necesitarían 7569 de los suyos, puestos los unos encima de los hombros de los otros, para alcanzar la altura de este tanque transparente que parece esconder algo. Puesto que contiene varios cientos de litros de una especie de agua sucia, ambarina y grumosa, en la que parecen flotar residuos de materia orgánica podrida y servir de continente de las bacterias más repulsivas imaginadas por la naturaleza de cariz microscópico, necesita, pese a la repulsión que le provoca, aproximarse lo máximo posible para intentar reconocer qué es eso que viene y va, asomándose y retirándose como un perro temeroso que no acaba de registrar olfátivamente un alimento que le es tendido. Casi toca con la nariz en el cristal cuando asoma una garra pustulenta que lo tumba de espaldas. Desde el suelo, se fota los ojos con manos temblorosas. Mira de nuevo hacia la zona del tanque donde ha aparecido esa visión repugnante. No hay nada. Lo que fuera se lo han vuelto a tragar las entrañas del líquido o jamás existió. Aún aturdido, cree oir una voz procedente de algún lugar al fondo del pasillo que se abre a su izquierda. Corre despavorido hacia allá. No advierte que la bombilla de la luz encarnada acaba de apagarse. Se enciende la de la luz verde. (Continuará...)
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25 abril, 2007
Mandarina
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20 abril, 2007
19 abril, 2007
Hugh, popstar
Demà s'estrena "Tú la letra, yo la música", una delícia que comença així...
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monty
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Una prenda
Cuando se van de nuestro lado, los muertos nos dejan una prenda, mas no una prenda negra, de luto, sino una de nuestro color favorito. Cada día la llevas puesta. Te levantas y la llevas adherida al pijama, te duchas y la tienes sobre tu piel desnuda, sales a la calle y la paseas encima del abrigo. Hay días en que no adviertes su presencia y otros en que todos los espejos te la devuelven en alta definición, días en que es suave al tacto, días en que pica endemoniadamente. Pero siempre está ahí, agazapada como una muela, intuida como una presencia en un callejón vacío. No se mancha, no se encoge. Sólo se decolora gracias a los años y, sobre todo, a las prendas con que te van arropando en silencio las personas que vas conociendo. Paradójicamente, estas sí son negras, de luto porque contienen la posibilidad de perderse, de despertar una mañana y no llevarlas puestas, de acostarse y comprobar que nos las hemos dejado en el respaldo de un bar. Se manchan y se encogen. Y vivir, en gran medida, supone saber combinar los dos modelos de prendas.
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lozzy
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18 abril, 2007
17 abril, 2007
"El 8º enanito". Capítulo 11
El 8º enanito abre los ojos pero a su alrededor sólo encuentra tinieblas. Lo último que recuerda es el croc que hizo su cabeza al impactar con el suelo tras una interminable caída libre que lo dejó inconsciente durante un tiempo que le resulta imposible precisar. Se incorpora poco a poco y siente dentro de su cabeza un remolino furioso. Busca a tientas su macuto, se lo echa al hombro y se levanta. Estira los brazos y comienza a andar sin dirección, rumbo ni objetivo, como un muñeco de hojalata al que se le ha dado cuerda antes de depositarlo en una habitación completamente oscura. Le sorprende pisar sobre terreno duro y liso en vez del esperado terroso, que no le salgan al paso bichos con apetito y que no haya rastro de humedad en el ambiente. Para combatir la angustia y la claustrofobia que empiezan a rondarle respira hondo y convoca imágenes de nueces lustrosas que, al juntarse en una danza suave sobre un fondo blanco, dibujan formas geométricas basadas en la equidistancia. De golpe percibe un cambio en la asfixiante uniformidad de la negrura que lo envuelve, una grieta en la misma que adopta la apariencia de un fulgor encarnado que parpadea a escasos metros delante suyo. Al acercarse, descubre que es una bombilla que emite destellos intermitentes al lado de una gemela que permanece apagada. La luz que desprende la que está activa le permite comenzar a distinguir el entorno. El suelo y las paredes están compuestas de un cemento armado extemadamente grueso. Juntos conforman un túnel cuyo techo, calcula, debe alcanzar la altura de un roble joven. Cuando sus pupilas ya se han dilatado lo suficiente como para definir contornos, se da la vuelta y descubre asombrado un tanque descomunal lleno de un líquido viscoso. Si no le engaña su todavía convaleciente vista parecería que hay algo flotando dentro. Se acerca a comprobarlo. (Continuará...)
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lozzy
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16 abril, 2007
12 abril, 2007
Peazo festival

Des d'aquest humil blog recomano, als votants del PP, oients fidels de la COPE i espectadors habituals de Telemadrid, una entranyable proposta cultural que s'ha de celebrar a la petita però molt bonica població francesa de Sorèze...
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monty
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Etiquetas: Passejant pel Sud de França






