Ya retirado del cine, Groucho Marx seguía buscando el calor de la gente y a la vez comprobar si conservaba su don para hacer reir por lo que solía actuar por sorpresa en espectáculos de circo. Una mañana los padres de Leo Bassi, miembros de una compañía itinerante en la que su hijo aprendería el arte del equilibrismo, le comentaron que ese día -la troupe estaba de gira por Estados Unidos- les visitaría el cómico más grande de todos los tiempos. La envidiable desvergüenza de los niños pudo más que el respeto que a Bassi le provocaba un adjetivo tan superlativo y, cuando Groucho Marx llegó y se sentó para maquillarse, él se colocó detrás con fascinación anticipada -el ritual de contemplar a sus padres maquillarse le producía un placer indescriptible- a la espera de ver cómo ese señor avejentado, encorvado, de gafas culonas y de espesas cejas azabache transformaba su rostro en lo que se suponía iba a ser una creación divina, filigranesca, la payasada maestra en términos faciales. Y Groucho va y lo que hace es limitarse a pintarse un bigote con un rotulador negro. El infante Bassi, estupefacto, consigue vencer a la timidez empujado por la acción combinada de la curiosidad y el desenfado propios de su corta edad y le pregunta: "¿Por qué te pintas un bigote en vez de ponerte uno falso?". A lo que Groucho Marx levanta esas cejas boscosas, dotadas de vida propia, y le responde: "Con este es más fácil comer sopa".
10 octubre, 2009
Bassi y Groucho
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01 octubre, 2009
Whatever Works
Whatever Works. Woody Allen. 2009.
Contra el sentir general, que Woody Allen abandonara Nueva York tuvo en opinión del que esto firma consecuencias nefastas. Para su descomunal talento, que ya llevaba tiempo dando alarmantes síntomas de agotamiento creativo, refugiarse en Londres (Scoop y Cassandra´s Dream) fue una travesía en el desierto sin una gota de agua. Después se comprobó que lo inverso, servirle unas vacaciones pagadas más al sur de Europa (Vicky Cristina Barcelona), aún podía dar peores resultados. Pese a su fragilidad física y miopía, Allen es un animal de jungla - ¿qué otra cosa es si no la Gran Manzana?- al que no le sentó nada bien probar fortuna como animal de granja. El regreso a su terrario explica en parte que Whatever Works, pese a su condición de alimento light y remasticado, “works”, que sea un trabajo efectivo, agradable, simpático y, sobre todo (porque más no se le puede exigir a estas alturas a su director), gracioso. Y aquí es donde entra el soberbio Larry David, un cómico de raza, un artista a la hora de ajustar la frase ocurrente con la expresión facial precisa. Puesto que lo que más gusta de las comedias de Woody Allen es confundir al personaje con la persona, la suplantación de su personalidad y sus tics por otros actores nunca había funcionado (piénsese en Kenneth Branagh en Celebrity o Jason Biggs en Anything Else)… hasta hoy. Formado como “stand-up comedian” y guionista con un don para los one-liners sarcásticos (Seinfeld), intérprete de un judío neurótico, egocéntrico y encantadoramente insoportable en su serie Curb Your Enthusiasm… David parece salido de una muestra futura del ADN de Allen. Uno casi está tentado de otorgarle el mérito de la película a la eterna responsable de casting de aquél, Juliet Taylor. Hace ya muchos años que, a falta de una única idea original, la filmografía del responsable de Manhattan ha pasado a ser preferentemente un enorme espejo, un patchwork de autorreferencias en el que el fan es invitando a participar en un juego de agudeza mnemotécnica para captar los “¿en dónde lo he visto/oído? Whatever Works, con un protagonista que se despierta cíclicamente con un ataque de pánico y ganas de lanzarse por la ventana porque la vida no tiene sentido, que pierde la cabeza por una atractiva jovencita muy corta de entendederas y con treinta años menos, que rompe la ilusión de la cuarta pared dirigiéndose a los espectadores…, no es precisamente una excepción. Por suerte, también demuestra que no hay nada mejor que un judío chistoso para entender a otro judío chistoso. (Revista go-MAG, octubre)
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25 septiembre, 2009
Oslo


Oslo ofrece poco más que lo museos consagrados a Edvard Munch y a las embarcaciones vikingas, pero si convenimos que ese "poco más" es el Parque de Esculturas de Vigeland, llamado así por las 212 estatuas de bronce y de granito creadas por Gustav Vigeland y que representan a hombres, mujeres y niños en variados estados de ánimo y ejercitando el cuerpo de diversas maneras, casi se puede afirmar que la capital de Noruega merece una visita. Un país con un 93% de lectores que absorben una media de 16 libros al año (un 14% supera los 30 títulos anuales) debe estar hecho de una pasta especial, pero luego lees y entrevistas al autor de género negro Jo Nesbo y descubres que aquél es generoso en asesinatos y suicidios y que en Oslo el consumo de heroína es de los más altos de Europa y ya no sabes qué pensar. ¿Contra más lee una sociedad más se disparan sus índices de criminalidad? ¿Las montañas de novelas policíacas que se publican cada año reflejan el estado de las cosas o las crean? ¿Mostrará "El grito" el pavoroso rostro de alguien al que están apuntando con un arma en vez de ser una plasmación expresionista de la angustia existencial del momento histórico? Misterios.
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19 septiembre, 2009
Hamburgo explicado a través de 3 bombas
2.
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06 septiembre, 2009
The West Wing

A pesar de que me costó un poco situarme en la serie, entender el papel que desempeñaba cada personaje y la compleja estructura política por la que navegaban, y restando importancia a puntuales exhibiciones de patriotismo yanqui, ahora me siento un devoto de The West Wing (en v.o., claro, pues, al igual que una película, me resultaría inconcebible una serie sin subtítulos). El equipo de guionistas, con Aaron Sorkin al frente y como los de pongamos Friends, Lost o The Wire, me parecen creadores de un talento tan desmedido como cualquier literato de primera fila. Aún se me humedecen los ojos cuando recuerdo el siguiente monólogo del chief of staff Leo McGarrey sobre su adicción al alcoholismo (él la sufrió también en su vida real), perteneciente al capítulo número 10 ("Bartlet for America") de la 3ª temporada. Por emoción, cadencia y ritmo, prácticamente un poema.
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02 septiembre, 2009
Resume las excelencias de Islandia que me permitiera sacar una foto así a mí, especialista en desenfoques, ojos rojos, amputaciones corporales, contraluces y dedos asomando por los extremos.
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13:13
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25 agosto, 2009
Última Hora: hasta el 22 de agosto Islandia era conocida mundialmente por las sagas, el bacalao, la cantante Björk y el futbolista Gudjohnsen, por acoger el volcán que inspiró a Jules Verne “Viaje al centro de la Tierra” y la zona de prácticas de la expedición lunar del Apolo 11. Desde el 22 de agosto, se añade a la lista de honor el que su capital organizara la maratón que acabó el que esto firma. Dicho esto con toda la modestia (y las rampas) del mundo.
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23 agosto, 2009
Verano
El lunes vuelvo al trabajo. Podría hablar de las fiestas que me he pegado… De todos los hombres interesantes que he conocido… De los lugares exóticos que he visitado… Pero como este año no he hecho casi nada de eso, hablar de ello sería mentir, y mentir está feo. En realidad, estas tres semanas de agosto se podrían resumir en pocos puntos:
- Cumpleaños: me proveyó de ingentes cantidades de material para ver/leer/escuchar. Estoy en ello, lo prometo.
- Pisos y más pisos: toda la primera semana se me fue en ello. Acabé un poco saturada y a punto de verle la gracia al movimiento okupa, así que pensé que sería mejor darle un descanso al asunto. Por salud mental, más que nada.
- Sol y piscina. Nunca he entendido la obsesión colectiva por la playa. Una vez al año me parece bien, pero, para tomar el sol y bañarse, ¿qué mejor que una piscina, con su cloro, con sus duchas, con su solarium con tumbonas? ¿de dónde sale esa alucinación colectiva según la cual no hay nada mejor para bañarse que el mar?
- Fiestas de Gràcia: me gusta el ambientillo nocturno (y vi mi concierto de Manel como todo el mundo), pero aún me gusta más el barrio por la mañana, y soy una freak de las calles adornadas, me las veo todas y luego discuto conmigo misma o con quien pille a tiro sobre la injusticia de que Verdi haya ganado otra vez el premio, con lo que se esfuerzan los de la calle Tordera.
- Hermana Embarazada: requiere atención extra.
- Amigachos varios: de los que se quedan en la ciudad, porque todavía hay personas como dios manda.
- Series y pelis: todas las que quedaron pendientes por ver durante el curso y juré ver en vacaciones. Y alguna más.
- Lecturas: Anatomía de un instante, de Javier Cercas (apasionante como una buena novela), El vendedor de pasados, de Jose Eduardo Agualusa (por empezar a hacerme con el catálogo de la casa), Pasando página, de Sergio Vila-Sanjuán (por empezar a hacerme con el mundillo asociado a la casa), La mujer de treinta años, de Balzac (los clásicos franceses no son lo mío, es definitivo) y, algunos cómics que dudo que cuenten como tiempo invertido en la lectura.
- Yo yo yo: he dormido mucho, he comido porquerías a mogollón, he perdido el tiempo de la forma más absurda, he comprado cosas que no necesito, he desarrollado el hábito de ir por la calle mirando los balcones y he pasado tardes enteras haciendo las cosas menos productivas que se me han ocurrido, y recreándome en ello.
No es que quiera reivindicar el verano en la ciudad por encima de otras opciones seguramente más vistosas de explicar junto a la proverbial máquina de café, porque me faltarían argumentos para sostener semejante premisa, pero desde luego es una opción que merece la pena probar de vez en cuando. La ciudad, fuera de las zonas turísticas, está desierta y muy tranquila. La expresión que más he oído estas semanas ha sido “¡pero qué bien se aparca!”. La oferta cultural es escasa, pero va aumentando. Hasta en los cines hacían alguna cosa que superaba claramente la categoría de película veraniega de desecho. Por la noche sólo se está bien en la calle, así que todo el mundo sale a la calle. La programación televisiva da miedo, así que no queda otra que agarrar un libro y ponerse a aumentar las estadísticas de lectura. Y existen los ventiladores. Así que Barcelona en agosto está bien, está mejor que muchas otras cosas. Al fin y al cabo, siete millones de turistas no pueden estar equivocados.
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07 agosto, 2009
Elevarse


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03 agosto, 2009
The High Line
Junto a la costumbre del jubilado de observar las obras en la calle con la cara de circunspección que otros ponen frente a una obra de arte abstracto colgada de un museo, la práctica de ver pasar los coches desde el puente elevado de una autopista o de una autovía siempre había estado fuera de mis márgenes de comprensión. Mi sospecha de que el problema radicaba en que estos márgenes resultaban lamentablemente estrechos y convencionales o, mejor expresado, de que me basta cambiar de contexto una experiencia anodina para que mi perfil snob se alboroce con lo que antes censuraba como una ridiculez supina, se me confirmó durante una visita a Nueva York, más concretamente durante un garbeo por el recientemente desprecintado primer tramo de un paseo elevado conocido como The High Line. A medio camino, me encontré con unos escalonados bancos de madera que desembocaban en un grueso cristal horizontal que creaba un efecto pecera en el que los vehículos cruzando la calle unos 10 0 15 metros por debajo hacían el papel de los peces. La constancia de su flujo, si bien con el ruido amortiguado, unido al punto de fuga que creaban las líneas proyectadas por la avenida y los edificios hacia el infinito generaron una capacidad hipnótica, de una belleza extrañamente serena si tenemos en cuenta que estábamos en medio de la ciudad, suspendidos en una bolsa tóxica por la destilación fraccionada de crudo salida del asfalto y por el monóxido de carbono emitido por los tubos de escape de los vehículos, y rodeados de enormes masas de acero y hierro.
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27 julio, 2009
Lo que Armstrong jamás contó
8 minutos después de haber hollado por vez primera la árida y rocosa superficie lunar, el comandante Neil Armstrong cree captar un destello en ese páramo silencioso y helado. En un primer momento lo atribuye a un efecto espejo provocado por el impacto de uno de los focos lumínicos del módulo sobre algún punto de su traje. Viendo que su compañero Aldrin está ocupado desenredando la bandera americana, decide acercarse y salir de dudas. Para su sorpresa, descubre que hay algo material yaciendo en el suelo. Le embriaga una cierta aprensión que finalmente no tiene nada que hacer frente a la roedora curiosidad, por lo que se agacha a recogerlo. Entre sus dedos se encuentra con un vulgar chicle dentro de su envoltorio rectangular de color plateado.
La histórica expedición regresa a la Tierra y, tras muchas cavilaciones, Armstrong opta por mantener en secreto su hallazgo. Por dentro, sin embargo, se siente furioso y estafado. Cada vez que recibe una felicitación, un aplauso o un vítore la tenaza del fraude le pinza el alma. ¿Pero cómo afrontar el ridículo de confesar que no fue el primer hombre en pisar la luna? ¿Y por qué no sale un astronauta ruso o un ingeniero espacial chino a colgarse la medalla? Sobre todo, ¿cómo le dice a su mujer que renuncie a la mansión de Long Island que ya tienen apalabrada gracias a los emolumentos de la hazaña? Armstrong toma pastillas para dormir, pierde el apetito, adopta por defecto una actitud taciturna, algunas mañanas se olvida de darle de comer al perro, con frecuencia compra fertilizante para las plantas y lo abandona en un rincón del cobertizo. Una noche se despierta sobresaltado y sudando a chorros a resultas de una pesadilla en la que, siendo el invitado de honor a una cena de gala en la Casa Blanca, es humillado a mitad de su discurso cuando todos los asistentes se levantan al unísono y comienzan a mascar, sonoramente y entre carcajadas fantasmagóricas, chicles de menta ácida que llevaban escondidos bajo la lengua.
Se levanta de un salto resuelto a destruir al monstruo gomoso que le ha arruinado la vida. Lo coloca sobre la barbacoa, lo rocía con gasolina y le prende fuego. Cuando queda reducido a un garbanzo carbonizado, lo deposita en el profundo surco que ha cavado bajo el roble de su jardín, lanzándole seguidamente paletadas de tierra para que more eternamente junto a las hormigas. Armstrong regresa a la cama con una beatífica sonrisa que se traducirá en un sueño angelical. Este aún no ha llegado a su máxima expresión que el maltrecho chicle subterráneo ya ha comenzado a solidificarse y a crecer hasta alcanzar el aspecto, el tamaño y la consistencia de una pitillera de color fucsia. Esta metamorfosis va pareja a la desactivación de la emisión de una suerte de notas musicales de naturaleza atonal en una frecuencia inaudible para el oído humano. La nave extraterrestre ¿K9->> jamás captará ya la señal que le indique la localización de la caja negra del último modelo que la precedió.
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26 julio, 2009
Qué bonito que es mi piso
Estoy mirando pisos. De compra, principalmente. Es una locura, pero parece que hay bancos dispuestos a concederme una hipoteca, y si ellos, visto el percal, creen en el poder de mi minisueldo, ¿por qué no voy a hacerlo yo?
Mi límite está en poco más de 200.000 euros. Por esa cantidad hay alguna cosa decente en los barrios periféricos (descartado), alguna cosa que requiere reformas en los barrios obreros (quizá) y, en los barrios chulos, cosas como esta:
200.000 euros piden por este bonito rincón de la calle Joaquín Costa. Otra vista del inmueble en cuestión:
Del baño no hay imágenes. ¿Habrá baño? En caso de que haya, ¿lo habitarán especies animales no conocidas por el hombre?
Más viviendas de postín por 200.000 euros, ésta en Riera Alta:

No sé si me asusta más el mobiliario de castillo del terror, el lavadero lleno de agua estancada o que consideren que estos son los dos mejores ángulos de la casa.
Al final me he preguntado: ¿y cómo debe de ser un piso que esté por debajo de los 200.000 euros? ¿Será un solar y un paquete de ladrillos de regalo?
Así que he ido a buscar el piso más barato de Barcelona: 75.000 euros (12 millones y medio de pesetas) por 30 metros cuadrados en la calle Ramón Rocafull, en pleno barrio del Carmelo. Y, oye, no está tan mal.
Y por un poco más, 82.000 euros (13 millones y medio) tienes una cosa de 23 metros muy apañada en el Verdún.
Y por casi 15 milloncejos (90.000 euros) todo un piso de 60 metros cuadrados en Sants. Este es un poco Cuéntame, pero no se puede tener todo.

Tras descender a los infiernos he ido a buscar el piso/casa/chalé más caro de Barcelona. Equilicuá, seis millones y medio por una choza en Bellesguard con una sala de juegos de 80 metros cuadrados:

De todas formas, no todo el monte es orégano por la parte alta de la clasificación, porque por este templo del buen gusto de sólo 90 metros cuadrados en el barrio de Santa Caterina piden casi un millón de euros, y, francamente, a mí ni regalado:

De repente, me encanta mi piso.
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16 julio, 2009
Madison
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26 junio, 2009
Mi guante de Michael Jackson

Si fuera un cineasta francés bordaría la filmación de esa característica reunión familiar el día de Navidad frente a una mesa bien surtida, pero en clave de comedia, nada de catarsis tremebundas en las que los hijos echan en cara al padre haber sido siempre un tirano o un hermano degüella verbalmente al otro por haberle traumatizado al ser el ojito derecho de mamá. A mí me bastaría reproducir el momento de bochorno que atravieso cada 25 de diciembre cuando una de mis cuatro primas, envalentonadas por la circulación de bebidas de alta graduación, cumple con la tradición de recordarnos a todos los reunidos uno de los dos lamentables episodios (en el peor de los casos ambos, para que luego digan que no es preciosa la Navidad ) de mi infancia que, pese a su consabida repetición y desgaste, no pierden capacidad de provocar la hilaridad general y sonrosar mis pómulos mientras miro al suelo en busca de una trampilla que, como a Coraline, me conduzca a un mundo paralelo con otros parientes, aunque tengan botones por ojos. El episodio número 1 se resume en mi cándida ingenuidad al creer que el botón rojo del salpicadero del 600 de mi tía permitía que el vehículo volara por los aires -siempre juro que ni por asomo daba crédito a semejante majadería, pero entre nosotros, dudaba más de lo que estoy dispuesto a admitir en público. El episodio número 2 es la réplica del guante blanco de lentejuelas de Michael Jackson que le encargué a mi abuela, un as de hacer punto, confeccionadora oficial de jerséis que picaban como un demonio y que los primos nos íbamos pasando forzosamente, -temerosos en secreto de confundir al Rey Mago en la foto del día de entrega de la carta en El Corte Inglés, si bien por por suerte nunca recibí una Barbie en vez de una pelota. Mi guante tuneado era de lana con bolitas verdes y azules. Se lo agradecí efusivamente a mi adorable abuela, pero en mi fuero interno vi que aquello no había por dónde ponérselo, mi sentido del ridículo tenía un límite, de forma que lo guardé en un cajón.
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05 junio, 2009
Buscando un reno a medianoche

A Helsinki sólo le pedía dos cosas: que me justificara la fama de la sauna finlandesa y que me permitiera emitir un veredicto acerca de la carne de reno. Lo primero fue sencillo. Compartí cubículo abrasador, con gradas de madera y caldera que hace tres siglos que pasó la última inspección, con una docena de cuerpos masculinos sudorosos. Eso sí, apenas aguanté cinco minutos esta hermandad nudista de la gota gorda, allá adentro habían tomado prestado el termostato del infierno Lo mejor fue salir a la calle descalzo y con la toalla a la cintura a disfrutar de la última luz del día, mientras los transeúntes cruzaban con jersey de cuello alto.
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12:51
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23 mayo, 2009
Punto de apoyo

Han transcurrido varios meses desde mi último post. El paréntesis ha permanecido abierto tanto tiempo que, si ya antes cada entrada era una piedra lanzada a un pozo muy profundo, cuyo impacto en el agua uno no tenía nada claro si haber oído o no, las que vendrán a partir de ahora se me antojan como gritos que uno emitiera delante de un espejo con la esperanza de que este le devolviera el eco. No importa. Es evidente que este canguro perezoso y tricéfalo nunca ha tenido como razón de ser que sus comunicados encuentren una audiencia. Uno de sus miembros está desaparecido, el otros es intermitente -aunque hay que agradecerle que por lo menos haya velado por las contantes vitales de este blog en la más absoluta soledad- y yo regreso tras una baja propia de una maternidad.
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04 mayo, 2009
Stalking Lorenzo
Hace muchos, muchos años alguien me regaló un libro de Lorenzo Silva. O me lo compré, vaya usted a saber. Creo que era “El alquimista impaciente”, premio Nadal 2000 y el segundo (en orden cronológico) de la serie de los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro. De ahí pasé a “El lejano país de los estanques” (el primero de la serie), “La flaqueza del bolchevique”, “El nombre de los nuestros” y “La niebla y la doncella” (tercero de la serie), “El déspota adolescente”, “Carta blanca”, “Nadie vale más que otro”, “Líneas de sombra” y, finalmente, “La reina sin espejo”, el cuarto y último (de momento) libro de la saga sobre la pareja de picoletos más concienzuda de España. Al llegar a “La reina sin espejo”, convertida ya en fan despendolada de Silva, un amigo canguro me ofreció la oportunidad de entrevistar a Silva para QL, ofrecimiento que aún no le he agradecido bastante y que me permitió tener ante mí, en carne y huesos, al mismísimo Lorenzo Silva, tan amable, decente y estupendo como yo lo imaginaba, y hasta un poquitín más guapo de lo que sugerían las fotos de solapa. Aquello, que yo interpreté como el mayor logro de mi carrera periodística (en realidad mi carrera periodística nunca apuntó demasiado alto), fue además el inicio de un particular caso de acoso sin querer. Porque ese día empecé a acosar al pobre Lorenzo Silva. Sin querer, insisto. Bueno, la segunda vez que le vi sí fue queriendo: le pedí que me firmara un libro en el siguiente Sant Jordi, cual fan común y corriente. Tuvo la amabilidad de reconocerme y de felicitarme por la entrevista (encantador, este hombre). Hasta me llevé a mi hermana, en plan acoso familiar. Mi pasión por su obra disminuyó luego un poco. También él bajó un poco el ritmo de publicación, diría. 
Luego, hace como un año, volví a encontrármelo. Yo acompañaba, en plan mindundi de prensa, a un autor canadiense de visita en Madrid y él era uno de los invitados a una comida en su honor que tuvo lugar en un restaurante en el que mis tejanos deslucían muchísimo. Me dio vergüenza preguntarle si se acordaba de mí, así que me mimeticé con el mantel hasta los postres, en los que me atreví a sacar el tema. Y resulta que se acordaba, porque es muy majo. E imprudente. Unos meses después se celebró en Barcelona la concesión del premio de la editorial en la que trabajo/trabajaba (esa cuestión es algo confusa ahora mismo) y allí estaba él de nuevo. Menos esconderme tras una planta lo intenté todo para no encontrármelo y obligarle a ser amable, pero fallé: me vio, me saludó y hasta me reprochó que no hubiera ido a decirle algo. Yo me puse de color granate corporativo y acto seguido me fundí con el suelo. Pero lo mejor viene ahora: hace unas pocas semanas que sé que voy a trabajar en la editorial en la que publica Silva. Pura casualidad, lo juro. El día en que bajé a saludar a mis nuevos compañeros Silva estaba hablando con el editor. Al verle salir del despacho y en una nueva demostración de madurez, saludé vagamente al aire y luego me concentré en las manchas de la moqueta. El editor me comentó luego encantado que Silva le había dicho que me conocía. Y yo pensé: claro que me conoce. Está ahora mismo instalando alarmas en su casa de lo que me conoce. Soy su personal stalker. Por cierto, Lozzy, sigue en mi estante el marquito con la foto de Silva y Umberto Eco que me regalaste. Prepárese, señor Eco, lo próximo es que me den una beca para Bolonia.
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Nibu
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23:29
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22 febrero, 2009
Instrucciones para subir en el autobús de las 8.30
1.- Dúchate antes de salir de casa. Estás a punto de levantar el brazo a pocos milímetros de las narices de personas que no conoces de nada, así que comprueba que tienes desodorante en casa.
2.- Saluda al conductor. No cuesta nada y a ellos les hace felices, lo que hará que recuerden parar en tu parada aunque en el vehículo no quepa ni una aguja.
3.- Lleva el billete en la mano. Evita los atascos frente a la máquina canceladora e innecesarios momentos de pánico.
4.- Dirígete hacia el fondo del autobús. Siempre hacia el fondo. Más hacia el fondo. El pasillo no es el fondo. Si te quedas ahí en medio formarás un tapón y te odiaré.
5.- Ocupa el mínimo espacio posible. Lo que significa que si llevas un carrito con un niño pequeño espera a que sean las 10 para coger el autobús o arriésgate a recibir una buena cantidad de miradas soñolientamente hostiles.
6.- Rehúye los asientos vacíos. Son un espejismo. En cuanto te sientes tendrás que levantarte para cedérselo a a) una ancianita b) una madre lactante c) una embarazada d) un chico con muletas. Tan cierto como las estaciones.
7.- Limítate a las distracciones silenciosas. Escuchar música está bien, siempre que sea a través de auriculares. Un libro es la mejor opción, siempre que no sea tamaño mesita de té y pueda sobrevivir con dignidad al escrutinio al que lo someterá el tipo que tienes a tu derecha.
8.- Cuando llegue el momento de bajar, dirígete con suficiente antelación a la salida. Señaliza tu intención de bajar cual hidroavión y pregunta al viajero que tienes delante si tiene intención de facilitarte la salida (a veces esa intención es más que dudosa).
9.- Si te levantas para bajar, baja. Si de repente te das cuenta de que aquella no era tu parada, no te quedes quieto como una roca en medio de un río de gente. Pégate a la pared, baja con los demás o cuélgate del techo. Lo que quieras, pero aparta del medio.
Próximo capítulo: Viajar en metro, esa aventura. Cuando los guiris no se dan cuenta de que el pip pip pip significa que las puertas están a punto de cerrar y de que su calmosa salida al exterior va a hacerte llegar tarde al trabajo.
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Nibu
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23:52
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13 febrero, 2009
Coses que fer a Londres quan perds un avió (i abans)
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monty
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17:30
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(Clonc)
- Atención al cliente de MoviStar, ¿en qué puedo ayudarle?
- Hola, llamaba porque quiero dejar de recibir sms de publicidad.
- Bueno, llamando aquí sólo podrá dejar de recibir los de MoviStar, no los de otras compañías…
- Sólo recibo de MoviStar.
- ¿Está segura?
- Sí, muy segura.
- A ver, dígame su número de teléfono y DNI.
- El teléfono es el XXXXXXXX. Pero la línea está a nombre de mi madre, así que mi DNI no creo que te sirva.
- De acuerdo, señora Clavería…
- Esa es mi madre.
- ¿Cuál es su nombre?
- Ana. Pero, por favor, no me llames doña Ana.
- De acuerdo, doñ… señorita Ana. Le voy a explicar. Existen tres vías para solicitar dejar de recibir publicidad por sms: una es enviando una carta, otra por teléfono y otra por Internet. ¿De cuál quiere que le hable?
- Explícame teléfono e Internet.
- Si lo hace por teléfono tiene que llamar al 4407 e introducir los 17 números de su tarjeta sim y…
- Sólo me pide los cinco últimos.
- ¿Me deja explicárselo hasta el final? Pone todos los números de la tarjeta sim. Si su tarjeta sim tiene sólo 13 números tiene que añadir delante 893407.
- Pero sólo me pide los cinco últimos números.
- Eso es que lo ha hecho mal.
- No, es lo que dice el contestador. Sólo los cinco últimos. Pero cuando los pongo me dice “operación errónea”.
- Puede que hayan cambiado el sistema. Vuelva a intentarlo en unos minutos, quizá la línea tenga algún tipo de sobrecarga.
- A todo esto, lo que no entiendo es que yo ya hice toda esa operación hace unos meses y he seguido recibiendo sms publicitarios.
- Eso es que lo hizo mal. Si lo hubiera hecho bien habría dejado de recibirlos.
- Pues me pasé un buen rato contestando a preguntas-trampa sobre si quería o no quería seguir recibiendo publicidad de MoviStar.
- Le repito: ¿seguro que la publicidad que recibe es de Telefónica?
- Sí. Muy seguro.
- Pues entonces es que no realizó bien el proceso.
- Genial. Pues volveré a hacerlo otra vez desde el principio.
- Señorita Ana, permítame informarle que durante este mes y sólo por 1,10 más podrá disfrutar del doble de velocidad de ADSL.
- (Clonc)
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Nibu
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00:34
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20 enero, 2009
FSF
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lozzy
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21:22
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12 enero, 2009
Comparativa Suiza-Bélgica
Su neutralidad en los conflictos bélicos redujo la aportación de Suiza al libro de la historia a una nota a pie de página llamada reloj de cuco. La discreción de Bélgica nos ha reportado una cesta de placeres gastronómicos que se compone de chocolate, mejillones, cerveza, gofres y patatas fritas.
La precisión del reloj suizo encuentra en la celosa e inexpugnable banca suiza el complemento que refleja el espíritu perfeccionista y milimetrado del país helvético.
La gozosa ganancia calórica que suministran los tradicionales alimentos belgas tiene en el aventurero y simpático corpus de cómics nacionales -Tintin, Lucky Luke, los Pitufos...- su espejo lúdico.
La pena de Bélgica es que secunda el rechazo a la Segunda Guerra del Golfo junto a Francia y Alemaniam, pero la prensa internacional la excluye de la noticia, aunque quizás es peor que se sobreentienda tu oposición y ni siquiera piensen en ti, caso de Suiza.
El monstruo durmiente de Suiza fue dar refugio al oro nazi manchado de sangre, mientras que el de Bélgica fue el caso de pederastia más atroz jamás revelado. Ambas vergüenzas pueden verse como la potenciación del reverso perturbador de las excelencias patrias: el secretismo, el orden y el celo suizo por encima de la moral, y el desfrute y pasatiempo belga barriendo con cualquier rastro de humanidad.
Una cicatriz en una piel de porcelana simepre provoca un estemecimiento más helador.
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lozzy
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13:15
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22 diciembre, 2008
Publicado por
lozzy
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12:13
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14 diciembre, 2008
El descubrimiento del año

No es la cura del cáncer ni la vacuna contra la sida ni el antídoto contra las multinacionales apestosas... pero CASI compensa por no tener ninguna de esas cosas. Es Etsy, una página web de las que hay que ver para creer. Miles y miles y miles de objetos hechos a mano por artesanos de todo el mundo puestos a la venta para goce y disfrute del personal. Hay ropa, collares, bolsos, cuadros, imanes, pendientes, cojines... Tantos como para pasar el resto de las Navidades buceando en sus páginas. Todo a un precio bastante razonable y con unos costes de envío también asumibles. Y como sé que no son precisamente millones las lectoras femeninas de este blog, pongo tres enlaces que prueban que la artesanía no es sólo para niñas de 10 años con lacitos: las fundas de fieltro para Nintendo DS con forma de Game Boy, los imanes de Pacman y las camisetas frikis de Lost. Un genial sistema de categorías permite además buscar cualquier objeto por casi cualquier criterio. Lo dicho, la página del año.
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Nibu
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22:30
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27 noviembre, 2008
Una imatge val més, molt més...

Frase extreta d'una entrevista a la noia de la foto...
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monty
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17:03
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20 noviembre, 2008
Com ser enfadon i no morir en l'intent

Sentia l'altre dia per la ràdio... "Bernd Schuster es un borde, siempre está enfadado" i, de forma inconscient, em sortia una solidaritat estranya, una empatia de dubtós origen, una entente cordiale. Deu ser per l'etiqueta aquella que em va penjar un barbut company de feina: "ets un enfadon".
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monty
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09:51
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19 noviembre, 2008
Work Nº 850

Esperando frente a las taquillas de la Tate Britain, veo cruzar por delante de mí a un atleta sudoroso. Lo primero que pienso es que ha entrado en el museo a refrescarse. Al cabo de medio minuto aparece otro. O son amigos, o miembros de la hermandad "El chándal también es arte" o la casualidad está cargada de electricidad estática esta tarde. Cuando por la curva veo surgir a un tercero, mis sorprendentemente felinas conexiones neuronales hacen clic y deducen un patrón, sospechan que algo está pasando. En efecto. Concretamente soy testigo de Work Nº 850, una instalación? performance? exposición? sandez? genialidad? de Martin Creed, controvertido ganador de un Turner Prize por una bombilla que se limitaba a cumplir con las dos funciones básicas que se le sobreentienden, apagarse y encenderse (precisamente los finalistas de la edición de este año del premio se muestran en este momento en la Tate, conduciendo hasta su máxima potencialidad el concepto de tomadura de pelo). Work Nº 850 significa que, entre las 10 de la mañana y las 6 de la tarde, a intérvalos de 30 segundos, y a razón de unos honorarios de 10 libras la hora, medio centenar de atletas atraviesan como una flecha los 86 metros de que consta la galería de estatuas neoclásicas del centro. La idea es que lo hagan al límite de su velocidad, como si la vida les fuera en ello, a riesgo de colisionar con los desprevenidos visitantes.
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lozzy
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13:08
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18 noviembre, 2008
The Comeback
Entre la manca d'inspiració i la vagància compulsiva, entre l'escassa disciplina i les excuses diverses, he estat absent d'aquesta finestra canguril massa temps. Faig, doncs, un exercici d'humilitat, demano disculpes als meus companys marsupials, als seguidors fidels que ens comenten i a les dotzenes i milers de lectors silenciosos.
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monty
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15:13
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07 noviembre, 2008
Palabras comodín
Vivimos instalados en automatismos, en frases hechas, códigos de conducta en leasing, reflexiones plagiadas, gustos ajenos, tópicos monstruosos, tal y como me apuntó Salvador Pániker en una de las entrevistas más interesantes de mi carrera "escuchando música prestada", ese mismo Pániker que, tan sabio como es, comenta que necesitó llevar muchos años escribiendo su diario para empezar a reflejar en ellos algo de lo que de verdad pensaba y sentía, pues son tantas y tan gruesas las capas y más capas de ropa que no es nuestra con la que nos abrigamos desde que despertamos hasta que nos acostamos.
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lozzy
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13:38
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